Las películas infantiles ya no son sólo para niños

In Series y Películas by Julio LeónLeave a Comment

Hasta hace poco, el de que un adulto viera caricaturas y películas animadas resultaba ridículo, inmaduro y poco sensato. Pero yo que fui la primera generación en mi familia que creció de manera directa al cuidado y resguardo de horas y horas de dibujos animados sigo disfrutándolas enormemente. De hecho, creo que ahora más. Principalmente porque tengo la dicha de poder verlas con mi hija. Su risa y sorpresa en ciertas situaciones hace que luzca como un estúpido la mayor parte del tiempo. Y si eso pasa en la sala de nuestra pequeña casa, no podía esperar a ver lo que sucedía en el cine.

Mi plan era lo más simple del mundo: ir al cine a ver Inside-Out (Intensa-mente en México, bastante buena por cierto), escoger unos buenos asientos y comer palomitas hasta no poder más. Todo salió maravillosamente bien, disfrutamos cada segundo de la cinta, pero hubo varias cosas que hicieron eco dentro de mí y que, definitivamente, poco o nada tiene que ver con el hecho de que sea un simple espectador en búsqueda de la lágrima fácil. Tiene que ver con el hecho de que no soy un niño, sino un adulto.

Toy Story 3

¡Cóntrolate! Eres un adulto, ¡No puedes llorar con una película para niños!

El mensaje de la película estaba dirigido para mí mucho más de lo que estaba pensado en mi hija. O al menos así lo sentí tras tener que lidiar con la rebeldía adolescente, el derrumbe y reconstrucción de intereses en la vida y el tener que entender que —por más que se nos pregone que uno tiene la obligación de andar feliz todo el día como un imbécil— los tintes de emociones siempre existirán. Y fue ahí donde una serie de flashbacks me dieron en el cerebro: Up, Wall-e, Toy Story 3, Big Hero 6 y un sinfín de películas que, con cada lanzamiento, crece más y más.

Si bien todas las películas animadas cuentan con escenarios repletos de color, con personajes encantadores y fáciles de amar, muchos de los temas que tratan distan mucho de ser algo con los que un niño, o hasta un adolescente, pudiesen conectarse. Vaya, les platico algo que me sucedió mientras veía Up! con mi chica:

Después de reírnos un poco con las situaciones iniciales donde Carl y Ellie se conocen y deciden pasar el resto de sus vidas juntos, llegó la terrible escena donde reciben la noticia de que jamás podrán ser padres. ¡BOOM! Se me hizo un nudo en la garganta, los ojos se me nublaron y no sabía si abrazar a mi esposa, decirle algo dulce, fingir demencia, hacer como que no pasaba nada, ¡qué se yo! Me quedé congelado, no atiné a hacer nada más que tomarla de la mano. Volteé discretamente y entendí que ella estaba sufriendo lo mismo que yo. Y el motivo no podía ser otro. Nosotros también habíamos recibido la noticia de que existía la probabilidad de que jamás fuésemos padres biológicos.

Up - Noticias tristes

Up! – :'(

Y bueno, después de quedarme un tiempo pensándolo (tal vez demasiado y estoy sobreanalizando), he llegado a la conclusión de que aunque infantiles, las nuevas películas para niños no pueden ser entendidas completamente a menos de que seas un adulto. Vamos, un niño podrá pensar “¡Qué triste es esto! Pobrecitos…”, pero es imposible que alcance a entender las dimensiones y el tipo de tragedia que, para una pareja adulta, puede llegar a representar. No es su culpa, es que simplemente no le ha tocado experimentar todas esas etapas por las que eventualmente tendrá que pasar. Para experimentar todos los matices de las nuevas películas para niños, hace falta que no seas un niño.

¿Cómo es que he llegado a esta conclusión? Creo que el motivo principal es bastante evidente y que se ha ido dando porque la manera en que se hacen las cosas, hoy día, es muy distinta a como se hacían hace 30 o 40 años. Me explico: anteriormente la gente que hacía caricaturas o películas infantiles jamás esperaría que un adulto pasara su tarde viendo ese contenido con atención, incluso creo que muchos no lo creaban pensando en si a ellos les gustaría. Todo era más sencillo y con moralejas más directas: sé bueno, porque al bueno y honesto siempre le irá mejor. En tiempos modernos, una película como Inside Out —que fue la causante de todo este post— se hace pensando en que mucha, muchísima gente irá a verla al cine, acompañada o no de pequeños y que, en todo caso, deja un mensaje más bien confuso: sé feliz, excepto cuando te sientas triste, aunque tampoco está mal sentirte así porque todo está bien y es normal.

Díganme escéptico, pero creo que un niño de 6 a 10 años rara vez podría comprender todo lo que la película le quiere decir y se limitará a estar ahí por la estética y la broma fácil —”¡jaja! Se pegó en la cabeza, ¡qué tonto!”—, y no es que eso sea malo, pero es que ellos no son el target de la mayoría del contenido de la película, así que absorberán lo que puedan tomar mientras los dejemos hacerlo.

Por eso les propongo un pequeño experimento social para la próxima ocasión que vayan a ver una película infantil (que seguro lo harán, no nos engañemos). Cuando sientan que el corazón se les hace pedazos porque perdieron a su amigo imaginario, o porque sus hijos han crecido y tienen que ir a la universidad abandonando los juguetes de toda la infancia, o por que alguno de sus seres queridos ya no está más con ustedes y únicamente les dejó un robot adorable para que los proteja… volteen a ver a la sala y vean si, quienes experimenta las emociones más intensas, tienen en su mayoría más de veintitantos años. Yo ya sé la respuesta.

About Julio León

Part time Web Developer, Full time Geek. http://www.julioleon.com.mx